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Calcular El Espacio Del Disco Duro

Bueno Navegando Por Inter Y Encontre Este Post En El Blog De Felipex El Decia : Este es un ejercicio que ayer me dejó pensando por algunos minutos, y que apenas ahora lo he resuelto con paciencia. Cómo el titulo lo dice, calcularemos el espacio libre en disco duro, sé que se puede hacer mediante ActiveX pero prefiero trabajar con el API de Windows, eso sin mencionar que me gusta pensar un poco complicarme la existencia

var SecPerCluster = Interop.Allocate(4);
var BytesPerSec = Interop.Allocate(4); 
var NumbFreeClusters = Interop.Allocate(4); 
var TotNumbOfClusters = Interop.Allocate(4); 
Interop.Call(“kernel32″, “GetDiskFreeSpaceW”, “C:\\”,SecPerCluster, BytesPerSec, NumbFreeClusters, TotNumbOfClusters);
var n = NumbFreeClusters.ReadDWORD(0) * (BytesPerSec.ReadDWORD(0) * SecPerCluster.ReadDWORD(0) );n = ((n/1024)/1024)/1024;
MsgPlus.DisplayToast(“Espacio disponible en C:\\”, n.toFixed(2) + ” GB” );

 

De momento no le veo mucha utilidad por que no estoy trabajando sobre algo que se relacione a esto pero no está de más practicar un poco o escribir cosas que podría reutilizar después =P

Una respuesta

  1. Hoy me levanté y todo es tan normal. Me parece todo tan igual. ¿Será que hoy no estás? Ha pasado ya un mes en esta habitación.

    El tiempo pasa tan lento debo de decir. Harán ya tres años llenos de desilusión. Con una cara al corazón llena de desprecio y de resignación.

    Hoy me pregunto dónde estás o qué harás. Si estarás pensando en mí, o andarás disfrutando de esta vida.

    Es tarde, tengo que ir a cumplir con mi trabajo, no quiero que el señor me regañe.

    Lo mismo de siempre. Pasar esta puerta. Ver aquel hombre pidiendo limosna. Yo no lo haría, no quisiera que la gente me diera sus pecados en dinero. Esa culpa que, al dar una moneda a un vagabundo, piensan estar pagando. Yo pienso que es pura hipocresía.

    Sigo caminando. Me tropiezo con este perro que todos llaman, desgracia, por vivir con tres patas. Yo le llamo, valiente, por seguir en este mundo. Y veo mi reflejo en él. Sólo, que yo tengo mis dos pies, pero hay algo que me falta. Es el corazón. Desde hace tres años que lo perdí cuando ya no te vi.

    Falta muy poco para llegar, y por el camino, uno se encuentra un sin fin de cosas. Paso la esquina y, de pronto, me encuentro con las señoras ¿o debería decir: “con las harpías”?, que hablan de la gente. De todo se enteran. Todo lo saben ellas. Critican a todos, menos a ellas mismas. Se fijan de la mujer que llega tarde a su casa, y la tachan de impura por vivir la vida a su manera. Yo sólo sé que, más peca el que habla y critica, que el que comete los pecados.

    Entro al edificio. Respiro. Cierro los ojos. Por un momento sé que te veo, y que tu aliento pega sobre mí. Me alegro. De pronto, recuerdo que tú ya no estás aquí.

    Este famoso elevador siempre me acompaña por las mañanas. ¿Será ésta la última vez? Y pensar que muchas historias han pasado por aquí.

    Recuerdo algo viví. Era de mañana, y se me había hecho tarde. Iba enojado pues nunca me pasaba. Mi día había empezado mal. Me había levantado con el pie izquierdo, y de pronto vi a una mujer que entró al elevador. Mis ojos se apropiaron de ella, pues me había flechado. En tan sólo un instante se había robado todo de mí. Aquella mujer eras tú.

    La sorpresa de ese día fue que me miraste, nos quedamos clavados mirándonos, como dos locos enamorados, que se conocían desde hace años, o de otra vida.

    ¡¿Cómo olvidarte?, ¿cómo sacarte de mi mente?, ¿cómo?!

    Ese día entendí que eras para mí. Ese día entendí que me había levantado con el pie derecho, y que eras mi destino. Todo estaba escrito. Todo estaba calculado. Te iba a encontrar, y nunca te iría a olvidar.

    El elevador se para en el último piso que será mi final. Salgo de él, y entro a la azotea del edificio. El aire pega sobre cara. Siento que tú estás a mi lado. El cielo grita. Empieza a llover. Te siento tan cerca, y tus lágrimas caen sobre mí.

    Camino con miedo, pero al final sé que te voy a encontrar. Subo mi pie al filo de la cornisa. Cuando menos pienso, ya estoy por caer. Miro hacia abajo. Se mira tan largo. Abro mis manos y levanto mis brazos como si fuera un ángel. Cierro los ojos y por mi mente pasa: ¿qué van a decir mañana las señoras de la esquina? Al menos tendrán algo de qué hablar.

    Dirán que soy un loco. ¿Un loco que se suicidó? ¡No!

    Seré un loco que murió de amor. Seré un loco que nunca te olvidó. Seré un loco que te volverá a ver. Seré un loco que sufrió de amor. Durante tres años pasé preguntándome, ¿por qué el señor me había quitado a mi amor?

    Hoy sé que te volveré a ver. Nos encontraremos. Nadie más nos separará. Nuestro amor será eterno y nunca se terminará.

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